viernes, noviembre 13, 2009

Canción triste de Huelva Street (BSO)

Hace un par de días leí muy entretenido en el blog de Menditxu y Ratita el inventario de ruidos de su nueva vida en Potosí. Esta que viene a continuación es nuestra lista —de V. y mía. La banda sonora de Canción Triste de Huelva Street:

-Carreras de niño de piso de arriba (en especial, los sábados a las 9.30)
-Gritos de niño de piso de arriba (aleatorio)
-Señor de al lado rebuscando en sus entrañas en busca de un esputo carnoso (mañanas)
-Gatos maullando (aleatorio)
-Motos tuneadas atravesando la calle a gran velocidad (aleatorio)
-Gatos peleándose (aleatorio)
-Coches tuneados atravesando la calle a gran velocidad (aleatorio)
-Gatos imitando bebé humano
-Portazos (aleatorios)
-Paloma cantando canción de Franco Batiato (mañanas)
-Señora gorda gritando (mañanas)
-Aterrizaje forzoso de paloma sobre uralita de color verde (aleatorio)
-Señor gritando “Ponme un café con leche” (en especial, domingos por la mañana)
-Máquina de aire acondicionado industrial (de lunes a sábado, horario comercial)
-Señor gritando “Ponme un quinto” (aleatorio)
-Ladridos de perro (aleatorio)
-Señor gritando “Paquitoooooooooooooooo”
-Sensor de movimiento de establecimiento comercial (de lunes a domingo, en horario comercial extendido)
-Reconstrucción de Afganistán en vivienda cercana (aleatorio)
-Pelea de borrachos (aleatorio, en especial tardes-noches)
-Música máquina/tecno/hardcore/máquina/chunda-chunda (aleatorio, en especial tardes y fines de semana 24h)
-Reggaetton proveniente de coche detenido en semáforo
-Televisión a volumen total (diario, en especial noches a partir de las 00h)
-Camión de la basura
-Camión de bebidas embotelladas
-Sirenas
-Gitanos tocando el órgano y cantando copla (viernes por la mañana)

Llegado a este punto, tengo sentimientos encontrados. A la satisfacción de haber realizado un inventario bastante exhaustivo se une cierto estado de desánimo derivado de los acontecimientos más recientes. Hace un rato, al llegar a casa, he descubierto que nuestro inventario no estaba completo. Alguien, muy cerca del lugar desde el que ahora mismo escribo, está aprendiendo a tocar la batería. En lo que a mí respecta, quiero comprarme un megáfono.

lunes, noviembre 02, 2009

Los himnos


Si quieres cambiar el mundo, por algún lado hay que empezar. Por ejemplo, por los himnos. Los himnos nacionales están desfasados. Por lo general son demasiado solemnes, algunos hasta parece que inciten a la violencia. De la misma manera que las cosas no nos irían como nos van si los miembros del G-20 llevasen chándal, el panorama sería bien distinto si en lugar de intentar inflamar nuestros corazones con himnos belicosos y marciales, nuestros estados se identificasen con melodías más agradables y portadoras de valores pacíficos. Porque la música que corre por las venas de un país forja el carácter de sus habitantes casi tanto como el clima o la orografía de su territorio.

¿O es que no sería otro el orden mundial si en lugar de tener ese himno tan solemne y avasallador que tienen los Estados Unidos, tuvieran algo más espiritual que apelase al hermanamiento de las naciones?

O Italia. ¿Acaso no mejoraría su imagen si dejasen de usar el himno de Ferrari y adoptasen uno propio más acorde con su idiosincrasia?

El único país que podría tomarse como referente a seguir, seguramente a causa de la vastísima tradición de la poesía persa, es Irán, cuyo himno nacional incluye esos versos de insondable hondura que todos conocemos: “¿dónde Irán, sus alas a volar? [sic]”.

Para que todo esto se comprenda en su auténtica dimensión, propongo un ejercicio. Basta con imaginar el desfile del día de las fuerzas armadas. Y ponerle el himno nacional haciendo clic aquí. O si esa propuesta no triunfa, aquí va otra. ¿A que así costaría menos identificarse con la patria?

miércoles, octubre 21, 2009

Más o menos así es como se acaba la humanidad


Un meteorito de grandes dimensiones se dirige inexorablemente hacia la Tierra. De no hacer algo en las próximas horas, se producirá un cataclismo de fatales consecuencias para la vida en el planeta. Tan solo hay una persona que puede hacer algo para remediarlo. Un único ser posee las claves que activan el mecanismo de defensa que podría salvarnos de la extinción. Se trata de alguien muy especial: ¡EL INFORMÁTICO FUNCIONARIO!

Sin embargo y para desgracia de todo el orbe, esta mañana el informático funcionario no aparece. En la Base Barcelonesa de Bocadillos y Cafés a partir de las 10 de la mañana (BBBC) todos los esfuerzos se centran en localizar cuanto antes al único ser capaz de salvar a la Tierra. En concreto, han enviado a una becaria al bar a ver si estaba allí. Como no lo han encontrado, le han escrito un mail y han pedido dos veces a recepción que le llamen al móvil.

Al fin, cuando los más pesimistas ya lo dan todo por perdido y hordas de nihilistas celebran el cataclismo bailando desnudos por las calles mientras cantan canciones de Björk, el informático funcionario descuelga el teléfono y tiene lugar la siguiente conversación:

-¿Sí?

-Gracias a Dios, informático funcionario, la humanidad te necesita.

-¿Qué pasa?

-Un meteorito de grandes dimensiones se dirige inexorablemente hacia la Tierra. Si no activamos el mecanismo de defensa inmediatamente se producirá un cataclismo de fatales consecuencias. Eres la única persona que puede hacer algo.

-¡Maldita sea! Pues id rezando lo que sepáis, amigos. Me temo que no hay solución.

-¿Por qué dices eso, informático funcionario?

-Porque hoy es mi día de asuntos propios.

miércoles, octubre 14, 2009

En efecto


De todas las posibles decisiones que uno puede tomar en el interior de su chándal en el caso de que aquello que lo despierte sea una explosión, quizá la menos recomendable sea la de pensar: ¡Coño, menos mal, no era el despertador!" Y seguir durmiendo como si tal cosa hasta que se produce el siguiente susto, que esta vez sí que es el despertador. Si lo apagas de un manotazo al tiempo que te das la vuelta para seguir pensando, es probable que también te preguntes: "Un momento. ¿Lo de antes no ha sido una explosión?", ocasión que ni pintada para aprender que la vida siempre da segundas oportunidades.

"Sería un disparo. O un avión que ha roto la barrera del sonido", te dices, entregándote de nuevo a la ilusión de que si duermes 9 minutos más va a dejar de ser miércoles y no vas a tener que ir al trabajo. Mal hecho. Porque para cuando suena el despertador por segunda vez ya no te acuerdas si la explosión ha existido o ha sido un producto del equipo de efectos especiales de tus sueños. De manera que cuando por fin consigues levantarte, meterte en la ducha y hacerte el desayuno, no alcanzas los mínimos de lucidez necesarios para asociar las sirenas que ya llenan la calle con la explosión que no sabes si ha existido.

Entonces, bajas a la calle con tu vida a cuestas y miras como si esa mañana se inaugurase el mundo el circo de bomberos, policías y curiosos que se agolpan alrededor del edificio que hay al lado del tuyo. "¿Qué ha pasado?", preguntas, como si acabaras de llegar de un lugar muy lejano. Y si has seguido bien todos los pasos y, al llegar a este punto, una señora en bata y alpargatas te contesta "ha habido una explosión de gas", incluso tú mismo podrás darte cuenta de que, en efecto, eres gilipollas.

viernes, octubre 02, 2009

Madrid 2046


Una vez mi amigo J se presentó a un concurso de Full Monties en una discoteca. Subido a la tarima y bailando con su gracejo natural de la escuela landista vio cómo los demás oponentes iban siendo eliminados uno a uno por un público rendido a sus insuperables contoneos. Al final del concurso sobre las tarimas solo quedaban mi amigo y otro sujeto, que se habían ido despojando de todas sus prendas hasta quedar ambos en calzoncillos. Sin dejar de bailar, J estudió a su rival y recurrió a su intelecto para solventar la batalla: “Ahora mismo los dos estamos en calzoncillos, o sea que estamos empatados”, se dijo: “El primero que se los quite, gana”. Así que, haciendo bueno su lema de “si triunfa uno, triunfa el equipo”, J se quitó el calzoncillo y lo lanzó al público. Y quedó segundo.

Pienso en J por dos razones. Una, porque siempre me he preguntado por las consecuencias que aquel segundo puesto tendría para su hombría. Y dos, por los juegos olímpicos de 2016. Después de un informe negativo, Madrid puso toda la carne en el asador, se gastó una auténtica pasta en convencer al COI, se quitó los calzoncillos mientras los demás todavía los tenían puestos, y ha quedado segundo.

Que si esto lo llegan a saber de antemano quizá, en lugar de llamar a Induráin, a Nadal o a Gasol como asesores, deberían haber llamado a Jan Ullrich, que de quedar segundo sabe un rato. En cualquier caso, sirva este humilde post para dar ánimos a los reponsables de la candidatura. Como dice Gallardón, hay que hacer de los contratiempos oportunidades o de los defectos fortalezas o algo así. El hecho de que no se haga Madrid 2016 no es tan malo como pueda parecer. Así hay más tiempo para eliminar cualquier defecto de la candidatura. De hecho, si se siguen presentando unas cuantas veces más, acabará siendo imbatible y podrán hacer realidad el sueño que ya se ha gestado en muchas mentes: Madrid 2046, la gran cita olímpica en la capital del Asia Occidental, con una inigualable ceremonia inaugural dirigida por el gran Wong Kar Wai en la que miles de chinos contenidos conmoverán a todo el universo fumando despacio y mirando al infinito. ¡Qué bonito! ¡Sólo de imaginarlo doy gracias!


domingo, septiembre 13, 2009

Película de tren

La chica es rubia pero secundaria y dice:

—Mi número es el 555 95 988. Llámame algún día y vayamos a tomar una copa.

El chico es protagonista pero gilipollas y dice:

—Descuida.

Y pasa de largo como si le esperasen en una reunión del G-8. Está claro que no la va a llamar, entre otras cosas porque si lo hiciese la chica dejaría de ser tan secundaria y le tendrían que pagar más. No la va a llamar, pero yo sí, que soy espectador pero tengo un bolígrafo y digo:

—Verás, yo no suelo hacer estas cosas, esta es la...

—¿Acaso tienes idea de la hora que es? —me interrumpe ella por dos razones: una, porque las chicas del celuloide hablan así y dos porque la película es de Hollywood y, efectivamente, no tengo ni idea de la hora que ni en su universo ni en el mío.

—Es que… te estaba viendo en la pantalla y me ha parecido que sonreías no sólo con la boca sino también con los ojos —me justifico.

—Vamos, Phil, ¿por qué no hablamos de esto mañana?

Yo no sé quién es Phil, ni nada, lo que no me parece nada mal es la idea de volver a hablar con ella mañana. Así que al cabo de unas horas lo vuelvo a intentar.

—Hola otra vez. Perdona por lo de anoche. ¿Te llamo en mejor momento?

—¿A qué te refieres, encanto? —responde ella.

¿Encanto? Aquí hay algo que no cuadra (y no me estoy mirando al espejo).

—Oye —le suelto—, ¿cómo es que no hablas en inglés?

—No sé de qué me estás hablando, Phil. Por supuesto que hablo en inglés.

—Hablas un poco raro, pero que yo sepa eso no es inglés.

—Tonterías. ¿Por qué no me llamas en otro momento y seguimos hablando de esto?

Y eso es exactamente lo que hago. Colgar el teléfono y llamarla de vez en cuando. Si juntásemos todas las horas que hemos charlado por teléfono desde el primer día daría para irnos de luna de miel a Saturno. Hemos hecho un pacto. Ella comprende que yo sea espectador o que alguna vez la llame a deshoras. A mí no me importa que ella no sea en versión original o que de vez en cuando me llame Phil.

martes, septiembre 08, 2009

Afganistán y las turgencias


En el piso de arriba están haciendo obras. Creo que están construyendo Afganistán. Hoy pondré el Telediario. Diría que está habiendo duros combates desde primeras horas de la mañana.

Como lo que yo quiero es dormir, no tengo más remedio que refugiarme en mi prodigioso mundo interior. Si lo que vemos y oímos no es más que una ilusión que persiste, me digo, bastará con que cree otra ilusión más real que esta para sustituirla. Y me lanzo a ello con la seriedad que reservo para cuando hago crucigramas.

Lo primero es respirar bien. Pausadamente. Con todo el cuerpo. A continuación, abrir la puerta a los pensamientos para que salgan. Que se escapen como globos de helio. Que se piensen todos. Sin escucharlos. Sin darles conversación. Hasta que queda sólo la pantalla y me puedo concentrar en mi respiración: Inspirar, espirar, inspirar, ¡turgente!

—¡Mierda! —pienso— ¿Por dónde iba? Ah, sí, la respiración. Inspirar, espirar, inspirar, espirar, ¡turgente!

—¡Jooder! Venga, va, concentración. No pienses -pienso.

Y entonces se me ocurre que me abstraeré mejor si acompaño la respiración de una sencilla serie de números, así que inicio una cuenta mental:

—2, 4, 6, 8

—No hagas caso, no hagas caso, tronco, tú a lo tuyo [esta voz no es mía, o sí que lo es, pero mía de otro]

Y sigo:

—10, 12, 15, ¿15?, 16, 17, sota, caballo y rey

Lo que empieza entonces es un capítulo de la serie y, viendo que esto de seguir durmiendo va a ser complicado, pienso que ya que estoy me voy a quedar a verlo. Lo mismo va sobre Afganistán.

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