sábado, octubre 11, 2008

Carta a Philippa York

Querida Philippa York:

Vengo dándole vueltas a eso de la reencarnación. Pero no en la reencarnación esa de que en otra vida eras Wagner, Amenofis III o el que le llevaba el botijo a Napoleón. Pienso en la reencarnación en vida. Porque, antes de ser el pringao que somos ahora, todos hemos sido otra cosa (bueno, todos menos Ray Loriga, que este siempre ha sido la misma cosa). Tú, por ejemplo, antes de ser Philippa York y de vivir en Dorset junto a tu compañera sentimental, fuiste un ciclista vegetariano que quedó dos veces segundo en la vuelta a España y ganó el mallot de la montaña en el Tour. Sólo que entonces no te llamabas Philippa York, sino Robert Millar y todavía no tenías tetas. Ignoro si la ingesta continuada de vegetales ha tenido algo que ver en el tema, pero qué más da.



Si te escribo, es para expresarte mi solidaridad entre tantas muestras de incomprensión como has recibido hasta ahora. Yo también he sido otros en esta vida. Muchos otros. Un cajero de supermercado en barrio pijo, un librero en un país Europeo, un conductor de furgoneta en Barcelona, un periodista en Baleares, e incluso un chico que leía en voz alta para un ciego y otro que era el que ponía y quitaba los charcos de sangre en los tiroteos de las películas. Ah, y una vez fui uno que se encargaba de encontrar 800 personas de color (de color negro, concretamente) para el rodaje de una película de Hollywood ambientada en África.

No sé ya qué comparto con todos esos tipos que algún día dejaron de ser yo, Philippa. Quizá a ti te ocurra algo parecido. Hace unos minutos me he puesto en pelotas ante el espejo del cuarto de baño para examinar mi cuerpo como si interrogara a un sospechoso. No pienses que es casual que me haya acordado de ti hoy con tanta fuerza. Esta mañana he firmado el documento que acredita mi nueva reencarnación. En el encabezado viene el membrete del ministerio de Trabajo. En el epígrafe dos, justo debajo de donde pone “Datos del trabajador”, los datos que hay son los míos. Y unas líneas más abajo —creo que ya empiezo a notar los influjos— dice lo siguiente: “Profesión/Categoría profesional: 5141. Denominación: AZAFATA”.

Atentamente,

Senil.

5 comentarios:

german dijo...

yo no sabía que las reencarnaciones se podían elegir, porque puestos a hacerlo, yo hubiera elegido un cirujano con más gracia. Porque, digo yo, tampoco hay que decidir reinventarse y dejarse en manos del primer "afisionao"... además de tetas, me hubiera cambiado la nariz.

El maligno dijo...

La de la izquierda está más buena.

negligente dijo...

Ha cambiado su físico a vieja. Es una transpelleja.

Anónimo dijo...

Caca

senilDion dijo...

El laconismo de este anónimo se está haciendo con un rinconcito en mi corasón.

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