
Me di cuenta el otro día, antes de beberme el segundo cubata. Somos elfos, tío. Todos altos y guapos, ellos con los músculos bien hinchados amenazando con reventar la ropa, como el increíble Hulk cuando se transforma en pepinillo, ellas con cinturas bien torneadas, pieles tersas como de monitora de gimnasio, siluetas trazadas con un compás. Ni un centímetro de grasa. Ni un pelo de más. Somos altos, podemos correr medias maratones. Nuestro cuerpo es el resultado de años de trabajo. Se puede decir que desde el punto de vista evolutivo somos la raza más bella de la historia. Putos elfos, tío.
Hemos alcanzado tal estado de sublimación de la especie que somos capaces de perdonar cualquier defecto mientras no esté en el plano de lo físico. Entendemos todos que es mucho el sacrificio y muy altas las tarifas de los espejos. Por eso nos hemos hecho más abiertos de mente y ahora aceptamos los desórdenes psicológicos con naturalidad. Porque todos los tenemos. Insomnio. Ataques de pánico. De ansiedad. Alopecia focal. Espasmos musculares. Depresión. Trastorno bipolar. Todo es normal y forma parte del juego, mientras uno no tenga barriga. Porque uno puede estar sopesando la posibilidad del suicidio, pero no por ello abandonarse. No hay nada peor que la barriga. Ni siquiera morir, que por lo menos adelgaza. Lo que importa es la belleza y no solo la individual. La belleza colectiva. Ahora estamos buenos, tío. Por fuera somos elfos. ¿Qué más da que en el tarro tengamos la Atlántida? ¿Tú sabes lo que somos capaces de hacer en la cama?
3 comentarios:
21 granos
En la cama se suda... si te dejan, claro está. Y así, pues también adelgazas. Al final es más de lo mismo, tío.
¿de qué has dicho que era el segundo cubata? :)
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