viernes, marzo 28, 2008

El Noseísmo


—¿Qué vas a hacer al año que viene?
—No sé.

—¿Tú crees que he hecho bien?
—No sé.

—¿Cuál me sienta mejor?
—No sé.

—¿Hasta cuándo te vas a quedar en la isla?
—No sé.

—¿Te vienes al cine mañana?
—No sé

—¿Are you winning?

No sé. Ni lo sé, ni me importa. Como si no hubiera cosas más importantes en las que pensar. Los conocimientos básicos. Las piedras filosofales del saber. Sujeto, verbo y predicado. El cuerpo humano se compone de cabeza, tronco y extremidades. El ser humano nace, crece, se reproduce y muere. Y sobretodo. El Noseísmo, ese estado del alma, ¿es sólido, líquido o gaseoso? (se sobreentiende la respuesta).

lunes, marzo 17, 2008

El matrimonio y Nagasaki


Circula por ahí el mito de que la segunda de las bombas atómicas lanzadas sobre Japón en la segunda guerra mundial fue originada por un error de traducción. Según la leyenda apócrifa, los americanos habían bombardeado ya Hiroshima, cuando el presidente Truman emitió un comunicado en que ofrecía a los nipones una alternativa clásica en toda negociación diplomática: susto o muete. El emperador japonés, por lo visto, eligió susto, pero como el japonés es una lengua tan complicada que ni siquiera pueden hacer sopas de letras, la traducción se hizo de una manera en la que se interpretaba muete y entonces los americanos subieron a la Muerte en un avión y la enviaron a Nagasaki a portes debidos.

A mí todo esto de los errores de traducción me hace pensar en el matrimonio. Por ejemplo, mi madre se da cuenta de que el cielo se ha puesto negro y le dice a mi padre, que mira la tele en el sofá:

—Anda, sal y recoge la ropa.

Mi padre se va, obediente, y al rato regresa.

—Pues la buscas tú que yo no la encuentro.

—¿El qué?

—La mopa.

—¿Qué mopa?

Entonces, mi padre se sienta otra vez en el sofá, pensando que mi madre está loca y un trueno parte la tarde en dos, con lo cual el hombre, que siempre ha sido muy avispado, mira por la ventana y dice:

—¿Tienes ropa tendida? Está a punto de caer un chaparrón.

Y da lo mismo que ese sea el día en que hagan 38 años casados, porque a esas alturas los errores de traducción ya no causan ninguna guerra. Después de tanto tiempo ambas partes han desarrollado la capacidad para mantener conversaciones a pesar de estar hablando de temas distintos.

miércoles, marzo 12, 2008

Los calzoncillos

Lo siento. Para estas cosas soy un poco obtuso. Hasta ahora, los únicos casos en los que conseguía imaginarme saliendo de casa en calzoncillos eran porque se pegaba fuego y tenía que huir con las alpargatas a cuadros y sin ver terminar el partido o bien porque en lugar de ser un tipo en chándal era un gángster de poca monta en una peli del Bronx y salía a tirar la basura en camiseta interior de tirantes y con un cigarrillo pegado a la comisura de los labios.

Digo hasta ahora porque el otro día fui a comprarme unos pantalones largos para ir a correr y, como no había, terminé comprándome una camiseta interior térmica para ir en bici. La sorpresa llegó al abrir la caja y comprobar que junto a la camiseta había unos calzoncillos largos, de esos tobilleros, como los que usaba el padre de Zipi y Zape. Huelga decir que ahora soy el rey del parque. Las ardillas me hacen reverencias cuando paso. Las madres se olvidan de sus niños y me miran con deseo. Ahí va El Canillas, se dicen, admiradas. Yo voy, corro como una gacela (voluntariamente, sin que nadie me persiga) y encima cuando vuelvo la casa no está en llamas y el partido todavía no ha empezado.

jueves, marzo 06, 2008

Con ustedes, lo que es la hipnosis



Atrás quedan la de la alcachofa y la cromática. Incluso lo de ir a pasar unos días con mi tía Marisa ya es historia. Ahora lo último en dietas es el hipnotismo. Tú vas, te hipnotizan y a partir de ese momento no asaltas nunca más el armario de los Phoskitos y se te pone físico de actor protagonista.

Y a mí que cada vez este mundo me gusta más. Con el tiempo ‘esperar’ va a ser un verbo que vamos a acabar perdiendo, como perdimos el ir a cuatro patas o la cola. Ahora se hace todo a golpe de click. Si quieres ligar no tienes que salir de casa, sino que entrar a una página de contactos. Si te entra hambre, metes una bandeja de algo en el microondas. Si te quieres poner cachas, te compras un aparato de gimnasia pasiva te muscula mientras tú buscas famosas en bolas en internet. Y si quieres perder peso, vas a que te hipnoticen y entonces adelgazas sin esfuerzo, casi sin ser tú el que lo hace.

Poco a poco, encontramos maneras de delegar todo lo que cuesta esfuerzo en otros. Esto de la hipnosis es como tener adentro un hermano pequeño al que mandas a comprar el pan o a bajar la basura. Es un grandísimo concepto. Lo que da pereza, que lo haga otro. Aunque sea ese otro que siempre va con nosotros. El individuo que tenemos adentro y que siempre está callado. El puto bolsa que nos habita.

Aunque, claro, si me preguntas a mí, que voy en chándal, te diré que con lo que cuesta perder la barriga, antes de sacrificarme yo o a cualquiera de los bolsas que habitan en mí, casi prefiero hipnotizar al resto de la humanidad. Para que cuando me miren crean que están viendo a otro.

miércoles, marzo 05, 2008

Corazón-cabeza

Ya lo voy entendiendo todo:
poseo un corazón-cabeza,
un cabe-zón.
Por eso ignoro si pienso o siento,
si pien-to o sien-so,
si corazoneo o cabezoneo.
Pien-to entonces que también es posible
que exista un desfase entre ambos órganos
y que, en lugar de funcionar al unísono,
cada uno exista en su propio tiempo.
Eso explicaría que mi cuerpo siguiese envejeciendo,
mientras que yo me hubiese quedado quieto,
tengo esa cabezonada.
De vez en cuando, lo que decido es servirme de la lógica,
aplicar corazón-amientos:
concluyo, en estos casos, tras observarme un buen rato,
que lo que tengo adentro es una cola del INEM,
que mi esperanza está en calzoncillos,
que la verdad más sólida que tengo es la duda.
Nuevamente cabezoneo.
Lo más probable, corazono, llegado a este punto,
es que me halle dentro del laberinto, díchome lo cual,
abro todas las puertas que encuentro,
digo “ábrete sésamo”,
camino hacia atrás,
sigo todos los hilos, todas las migas de pan,
pulso mil veces el botón derecho,
taconeo tres veces con mis zapatitos de oro,
canto y soy feliz,
digo “abracadabra, la puta de la cabra”,
pero no hay manera,
no pasa nada.
A tomar por culo.
Voy a poner un disco de rancheras.

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