He estado un tiempo pensando en como hacer un mundo mejor. Ya lo tengo. Voy a inventar la bicicleta que va siempre cuesta abajo. Porque, tal y como yo lo veo hay varios tipos de felicidad. Está la felicidad individual absoluta, que es cuando uno sigue una dieta cuyo alimento principal es la perdiz y mantiene una relación estable con una princesa, y luego hay las otras. Otras felicidades. Más pequeñas y variadas. Más numerosas.
De todas las felicidades que hay, la más grande es la que está hecha de cosas más pequeñas. La felicidad colectiva, que todavía no tengo decidido si sería una suma o una media de todas las felicidades individuales. No tengo ni puta idea de cómo se expresaría eso en lenguaje matemático. Lo único que sé es que representaría esa felicidad colectiva con una F mayúscula, algo así como el capital de la felicidad humana en tiempo real.
Total, que si yo invento la bicicleta que va siempre cuesta abajo, además de liberar a la humanidad de la esclavitud del pedaleo, contribuiré a paliar la crisis energética, con lo cual la felicidad colectiva será mejor y el mundo, por extensión, también. Ahora bien, aunque al final no consiga inventarla, la sola idea de exista provoca un notable incremento en mi felicidad individual. Y si la idea basta para mejorar mi felicidad, es posible que también mejore la de otros, aunque sea en menor medida. Y si muchas felicidades individuales mejoran, eso no podrá significar sino un incremento, por muy irrisorio que sea, en la felicidad colectiva o F, con lo cual también estaré haciendo un mundo mejor. Es lo que viene siendo felicidad de las ideas. Por un mundo mejor y toda esa mierda.



