domingo, junio 29, 2008

F


He estado un tiempo pensando en como hacer un mundo mejor. Ya lo tengo. Voy a inventar la bicicleta que va siempre cuesta abajo. Porque, tal y como yo lo veo hay varios tipos de felicidad. Está la felicidad individual absoluta, que es cuando uno sigue una dieta cuyo alimento principal es la perdiz y mantiene una relación estable con una princesa, y luego hay las otras. Otras felicidades. Más pequeñas y variadas. Más numerosas.

De todas las felicidades que hay, la más grande es la que está hecha de cosas más pequeñas. La felicidad colectiva, que todavía no tengo decidido si sería una suma o una media de todas las felicidades individuales. No tengo ni puta idea de cómo se expresaría eso en lenguaje matemático. Lo único que sé es que representaría esa felicidad colectiva con una F mayúscula, algo así como el capital de la felicidad humana en tiempo real.

Total, que si yo invento la bicicleta que va siempre cuesta abajo, además de liberar a la humanidad de la esclavitud del pedaleo, contribuiré a paliar la crisis energética, con lo cual la felicidad colectiva será mejor y el mundo, por extensión, también. Ahora bien, aunque al final no consiga inventarla, la sola idea de exista provoca un notable incremento en mi felicidad individual. Y si la idea basta para mejorar mi felicidad, es posible que también mejore la de otros, aunque sea en menor medida. Y si muchas felicidades individuales mejoran, eso no podrá significar sino un incremento, por muy irrisorio que sea, en la felicidad colectiva o F, con lo cual también estaré haciendo un mundo mejor. Es lo que viene siendo felicidad de las ideas. Por un mundo mejor y toda esa mierda.

martes, junio 24, 2008

Teletransportador de materia



Llevo unos calzoncillos que no son míos. Éste es el hecho. Yo tenía unos calzoncillos grises con el elástico naranja y una etiqueta cosida por fuera, los metí en la lavadora y cuando los fui a buscar ya no estaban y en su lugar estaban éstos que llevo ahora: grises y con el elástico azul. Se podría argumentar que son los mismos, si no fuera por el detalle de que éstos en lugar de una etiqueta cosida por fuera lo que tienen son las letras impresas.

Más que importarme, puesto que estos son igual de cómodos aunque no sean míos, el tema me inquieta. Porque lo mismo he descubierto algo y todavía no lo sé. A lo mejor ahora mismo hay un tío en Cincinnatti que lleva unos calzoncillos grises con el elástico naranja y una etiqueta por fuera y no se ha dado cuenta de que no son los suyos. Lo mismo, en lugar de una lavadora, lo que tengo es algo mucho más complejo: un teletransportador de materia. Un complejo transmutador. O lo que es lo mismo: una máquina de cambiar unas cosas por otras. Tú le metes cosas, pones la rueda en la letra B y, al cabo de un rato, cuando se termina el ruido, algunas de las cosas que has metido están, otras también están pero más pequeñas y en lugar de tus calzoncillos tienes los de un tío de Cincinnatti. Mi plan, ahora, es hacer como el tío ese que fue haciendo intercambios por internet y a partir de un clip acabó consiguiendo una casa. ¿A alguien le interesan unos calzoncillos grises con el elástico azul y las letras impresas justo debajo de donde queda el ombligo? Se los mando por el teletransportador de materia.

domingo, junio 22, 2008

Croacia - Turquía



Pues esto era un viernes casi lunes, plomizo como él sólo, y una vida social bajo mínimos, como de cadáver de los que ni se aparecen ni nada. Como el propietario de todo esto soy yo, que poseo pocas cosas más, no tengo más remedio que ejercer de habitante del chándal y termino cenando pizza espatarrado en el sofá y viendo un Croacia-Turquía de fútbol por la tele al mismo tiempo que lo escucho por internet de una emisora de radio extranjera. La pizza se me ha quemado por abajo, la lengua por arriba. Hasta ahí todo normal. Entonces me doy cuenta de que en el partido que veo por la tele, aun siendo el mismo que el de la radio, no pasa lo mismo. En un lado los turcos intentan acercarse al área, en el otro aseguran que los croatas van a sacar un córner. Como no sé qué partido me gusta más, sigo con los dos. En ambos empatan. Al cabo de un rato, la pizza se me termina pero el partido no. En la tele aprovechan un saque de puerta para mostrar que el entrenador turco es un tío que han obtenido de sumarle al suegro de mi hermana el protagonista de La pasión turca. En la radio la tiene un croata “en la línea medular”. Y así noventa minutos y luego dos tiempos de la prórroga, hasta que en la tele los croatas marcan y todos saltan encima del que ha metido el gol y le hacen polvo la espalda y sacan de centro y el partido se acaba y los croatas pasan a semifinales. Pero en la radio no, en la radio continúa y entonces los turcos meten un gol lleno de oes y van a los penalties y ganan los otomanos, por no repetir turcos, lo cual a mí, más que importarme, lo que hace es generarme un conflicto de agenda para la semana que viene, puesto que ahora no sé si será mejor ver Alemania-Croacia por la tele o escuchar Alemania-Turquía por la radio. Hay que joderse, siempre teniendo que hacer elecciones.

martes, junio 17, 2008

Ambidextro


Estaba yo aquí con las manos en los bolsillos del chándal y me ha venido que a lo mejor lo que me va a mí es el ideal renacentista del guerrero poeta y toda esa mierda. En una mano la espada y en la otra la pluma. Porque por mucho que uno aprecie el mundo de las ideas, donde hay que vivir es entre los hombres. No está bien eso de pasarse todo el día en una habitación pensando comas. Hay que pisar la calle y regresar a casa con las rodillas negras. Hay que combatir cuerpo a cuerpo. Pasarse por las manos todo aquello que quizá luego se pueda convertir en teoría. Por eso creo que ni es tan raro ni está tan mal ser esto que soy yo. Porque, a ver, si de pronto hay que ser caballeros del Renacimiento y me rompo la mano al intentar darle a alguien una hostia, seguramente será la mano derecha, lo cual me dejaría la izquierda sana para poder escribir un soneto a mi amada explicando cómo ha pasado.

miércoles, junio 04, 2008

Pez



Esta mañana, cuando me he levantado, había un pez en el fondo del water. Que a mí eso de ver los peces en el agua me gusta, cuidado, que yo soy de los que cuando me ponen los cubatas en vaso grande cambiaría los hielos por un pez de esos que dan en la feria. Pero claro, puestos a tener peces en el water, digo yo que es mejor tenerlos en la cisterna. Primero, porque el agua está más limpia. Y segundo porque así cada vez que tires de la cadena puedes hacer tu propia versión doméstica de Liberad a Willy y sentirte como una gran persona.

He pensado eso y he pensado también en mi pez, en el pez que me miraba fijamente desde el fondo del water. Y entonces lo he visto abandonando el mar y apelando al imposible río arriba, un pez de Béjar como el Laudelino Cubino de Benjton y mío, gran remontador donde los haya, escalando las cañerías de la ciudad con el mallot a lunares y la soledad de los grandes individuos, escalando finalmente las tuberías de mi casa en un último esfuerzo para poder mirarme felizmente ahora desde el fondo de mi water. He pensado también que es muy raro que una cosa que está todo el día dentro del agua huela tan mal. Luego he tirado de la cadena y allá que se han ido mi primera meada del día y el filete de bacalao que alguien renunció a cocinar anoche.

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