
En lo que a la transparencia se refiere, existe una diferencia sustancial entre la invisibilidad por causa ajena y la invisibilidad motu proprio. Vamos, que no es lo mismo ser invisible sin querer que ser invisible porque te sale de los huevos. Ser invisible sin querer es una putada, porque el teléfono no suena, la chica ni te mira y te tumban antes de darte la opción de ir a la entrevista de trabajo. Ser invisible porque te sale de los huevos está de puta madre, especialmente si consigues llegar a desarrollar la capacidad para controlar el mecanismo de la invisibilidad a tu antojo.
A mí me gustaría ser invisible porque me saliese de los huevos y conseguir llegar a desarrollar la capacidad para controlar el mecanismo de la invisibilidad a mi antojo. Por ejemplo: estás en el trabajo y llega el típico que viene a dar por culo. Entonces, tú te quedas quieto, muy quieto, cuentas hasta cien en chino, eyaculas hacia dentro y, como te olvidas de ti, los demás no te ven tampoco. Te has hecho invisible y el típico que viene a dar por culo, aunque estés no te ve y se va a darle por culo a otro.
Otras veces me gustaría ser invisible sólo por serlo, por el mero placer de olvidarme de mí o de quitarle a los segundos mi cuerpo para que lo atraviesen a su antojo. Entonces, te dan igual los telediarios y los tipos de interés y la marea roja y Carla Bruni. Te dan igual, incluso, el teléfono y la chica y la jodida entrevista de trabajo.

