
Me pasa últimamente que no termino casi nada de lo que empiezo. Hoy, por ejemplo, he empezado un montón de cosas y no he terminado casi ninguna. Estaba haciendo un sueño muy serio, ahí concentrado, manteniendo la regularidad, y he tenido que dejarlo sin terminar porque los vecinos de abajo se han puesto a gritar en la terraza. He cocinado, pero sólo me he comido la mitad. De la peli de después de comer no he podido ver el final, porque llegaba tarde al baloncesto.
En el partido El Antoniu se ha inventado un gran tratamiento de canalización de la agresividad consistente en hacer impactar el propio pie contra la base de la canasta con una fuerza de varios G’s, patadón que si bien le ha hecho descargar la tensión contenida, por otro lado le ha obligado a abandonar la cancha haciendo una pobre imitación de Chiquito de la Calzada. A partir de ahí la cosa ha decaído y, cuando más dispuesto estaba a sacar a relucir todo mi potencial, ya no éramos suficientes y he tenido que irme a casa sin brillar.
Una ducha y un bocado después, estirarme en el sofá ha sido como retornar a la placenta. Además, en la tele ha empezado una peli de mamporros, por lo que no me ha entrado ninguna prisa por nacer. Sin embargo, Benjton Gurinox me ha recordado que nos esperaban y he tenido que desertar del film justo cuando Kevin Spacey entraba en acción. Toda la pereza que tenía al principio se me ha olvidado en el bar, bien acompañado y después de haber dado cuatro o cinco sorbos a un cóctel fresquito que sabía a vaso de leche de antes de ir a la cama y tener sueños con alas. Ya estaba a punto de brillar cuando ha sonado el teléfono. Era El Antoniu, que decía que su cuerpo tenía nostalgia de la cancha y que había encontrado un método para canalizar sus propias tensiones. Le había salido un gigantesco bulto en el empeine (curiosamente, con forma de pelota) y necesitaba que alguien lo acompañase al hospital. Así que he salido del bar con una disculpa y sin poder apurar el vaso y he ido con Benjton a buscarle.
En urgencias, como los tres teníamos nuestras respectivas cabezas soldadas al cuello y no en la mano o dentro de una bolsa de supermercado, nos han dado la una, las dos y las tres. A las cuatro nos ha llamado El Antoniu desde dentro y nos ha dicho que no tenía nada roto y que nos fuéramos, que le iban a pedir un taxi para volver, con lo que después de horas allí nos hemos ido antes de que saliese. Ahora, después de un día a medias, he llegado a casa, he encendido el ordenador y me he puesto a escribir esto que no
7 comentarios:
A esto se le llama procrastinar! o casi...
Hoy al Multiplicador de distancias le ha dado por dividir
El Multiplicador no tiene culpa de nada, es sólo una víctima. El día que yo me ponga a terminar cosas, no sé lo que
I què és millor: deixar les coses a la meitat o no començarles??? No sé, mira, és una pregunta que m'ha ixit...
Estoy acabadooo!!!
Esa madrugada yo dormía con la puerta abierta, muy veraniego hasta en la baba. Abrí un ojo y vi a un señor que pasaba por delante de la puerta de la habitación."No lo conozco...", pensé yo, "así que no hacía falta que reaccione..."
Luego lo pensé mejor, y pensé que si no lo conocía... tenía que asustarme y gritar. Abrí un ojo, por si acaso. Era Pérrimo, casi asustándome.
David Carradine colgando de una cuerda...
Publicar un comentario en la entrada