
Margarita y un chico han dado los últimos bocados a sus respectivos bocadillos. En la mesa de al lado, un nutrido grupo de veteranos aduladores del punk-metal conmemora a gritos los tiempos en los que eran llamados “tribu urbana”. “Tronco”. “Birra”. “Farlopa”. Margarita coge la jarra y llena los vasos de ambos. Entre los dos se ha instalado un silencio que no es incómodo. Al cabo de un rato…
CHICO
Margarita, ¿te puedo quitar los poros de las tetas?
Margarita, ¿te puedo quitar los poros de las tetas?
MARGARITA
No es momento ni lugar para que
me hables del tiempo y del espacio.
No es momento ni lugar para que
me hables del tiempo y del espacio.
Justo entonces, el móvil de Margarita emite un quejido en dos tiempos. Ella da un sorbo a su cerveza y luego lee el mensaje:
MENSAJE:
Atentamente, Yago.
Atentamente, Yago.
CHICO:
[Ensimismado]
A mí en los gimnasios me miran mal.
[Ensimismado]
A mí en los gimnasios me miran mal.
MARGARITA:
[Volviendo a bloquear el teclado de su móvil]
Estamos tan acostumbradas a que seáis desagradables.
[Volviendo a bloquear el teclado de su móvil]
Estamos tan acostumbradas a que seáis desagradables.
Otra vez se hace el silencio. Los amantes del punk-metal cantan cumpleaños feliz, en la versión de Parchís. Frente a Margarita, el chico tiene la mirada perdida en un atardecer que existe sólo en su cabeza.
CHICO:
Ya no hay mujeres como las de antes.
Quizá, en la República Checa…
Ya no hay mujeres como las de antes.
Quizá, en la República Checa…
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