jueves, abril 16, 2009

Voces amigas


El otro día hice un viaje en coche con una chica que hablaba poco y encima me trataba de usted.

—¿Tú has estado alguna vez en Los Monegros? —le preguntaba yo, por charlar un poco.

Y ella ahí callada, como si oyera llover (que, de hecho, llovía). Y al limpiaparabrisas faltándole manos para echar del cristal a las gotas.

—¿Tú sabes cómo eran los veranos de antes? —le decía yo al rato, de puro aburrimiento— Lo digo porque como este año hemos tenido un invierno de los de antes y ahora una primavera de las de antes, pues por ir haciéndome a la idea.

Y ella:

—A 103 kilómetros gire a la derecha.

No es que a mí no me queden claras las indirectas, es que se me olvidan. Así que como la carretera no tenía casi curvas ni nada, al cabo de un tiempo volvía:

—Y ¿a ti qué te ilusiona? —no sé, lo normal, por comentar algo.

Y ella:

—Gire a la derecha y gire a la izquierda. A trescientos metros gire hacia la derecha.

Estaba visto que le interesaban más los giros que yo. De todas formas, a esa ya me la he quitado de la cabeza. Cada vez que visito la máquina de café me encuentro con una chica que me recuerda lo que he pedido y luego me da las gracias con alegría. En el ordenador tengo a otra que ahora mismo, si quiero, me lee esto mismo que estoy escribiendo con una voz un poco metálica pero muy sensual. Si necesito que me digan “te quiero”, sólo tengo que escribirlo y ella me lo dice con naturalidad. “¿En qué piensas?”, le puse ayer que me dijera. Y luego le estuve un rato contando no sé qué de si en el infierno habría pastelitos de la pantera rosa.

Al final del día, no soy ni más feliz ni menos. Una cosa tengo clara: el día que los GPS sean capaces de sostener una mínima conversación sobre fútbol, se acabó el matrimonio. (Y por favor, ¡que jamás inventen los consoladores capaces de hacer comentarios de apoyo durante el visionado de Dirty Dancing!!!).

domingo, abril 05, 2009

El estribillo único, Fiz y las señoras en bata



Delante de mi ventana hay una paloma que solo se sabe el estribillo y un gato que se está preparando para correr el ironman. A la paloma casi nunca la veo, pero la oigo y el gato vive en una terraza a la que se pasa el día dando vueltas. Creo que ya baja del minuto. Como tiene vocación de atleta y nunca para de dar vueltas a su terraza, he decidido llamarle Fiz. Por Martín Fiz. La paloma que se aprenda la canción entera o que le den.

Hace un rato me he acordado de que tenía tendido y he abierto la ventana y allí estaba Fiz, el gato más fibrado de La Verneda, dando vueltas a su terraza rectangular como si fuese la rueda de un hámster, seguido por una amiga que evidentemente no está en sus mismos tiempos. Había también una gaviota que ni se sabe canciones ni va a correr el ironman, pero que en ese momento hacía de liebre del grupo y que con el ruido que he hecho al abrir ha tenido una salida de pista. ¡Qué daño está haciendo la fórmula 1!, he pensado. Y entonces me he dado cuenta de que la gaviota me estaba mirando:

—¿Qué? —me ha dicho.

—¿Qué de qué? —he contestado, ya con un par de calzoncillos en una mano y unas cuantas pinzas en la otra.

—¿Qué hay de lo mío?

Y como no sabía que decir, le he dicho que al descanso el Alcoyano ganaba 1 a 0. Justo entonces se ha abierto la puerta de la terraza de al lado y de ella ha salido una señora en bata y con un gorro transparente. La gaviota y yo nos hemos asustado y ella ha salido volando y yo también. Y ya casi no queda domingo.

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